jueves, 19 de febrero de 2009

Soy un grande

Venía anoche caminando hacia casa, con las manos en los bolsillos, pensando en qué bueno es tener colegas con los que contar cuando las cosas no van como nos gustaría, y también en por qué me cuesta acudir a ellos para cosas para las que necesitamos un cable, como si me diera vergüenza mostrar que las cosas no me van bien, en fin, pensando en que al llegar a casa me iba a acostar con un libro que me apetecía comenzar a destripar. Pues bien, llego a casa, miro mi cama, que por cierto no daba muchas ganas de meterse en ella, pero pensando en que una noche más de caos sabanero daba igual y que ya mañana (por hoy) sería un día cojonudo para arreglarla. Y estaba yo ya con la mano en el picaporte, empujando suavemente mi puerta para encerrarme en mi dominio, cuando recuerdo que por la tarde había puesto una lavadora, oh, vaya, bueno, lo que haré será abrirla para que ventile y no coja olor a humedad, y ya mañana la tiendo. Me calzo, cruzo el pasillo, y a oscuras, alargo mi mano hasta la puerta de la lavadora (puta, más que puta), y en cuanto abro la portezuela, comienza a chorrear todo el agua que había dentro y que yo no había visto. Es lo que tiene confiar en la oscuridad para hacer acciones que hemos hecho millones de veces. No, no, no, joder, joder, hostia, hostia, joder, mierda, puta, no, joder, hostia, hostia... soy un chico con recursos verbales cuando pasan cosas como estas, ya ves. Joder, joder, joder!!!! y ahí estoy yo, a las dos de la mañana con la cocina como un aquapark, achicando agua con la pala recogedora, mierda pa mí. Y claro, con mi suaves imprecaciones a la fatalidad, se despierta Ander, y bueno, por lo menos nos reímos juntos (eres glorioso, mariano), y agarró la fregona y ahí estuvimos quitando agua, porque a todo esto, yo había conseguido cerrar la puerta de la lavadora, por lo menos para evitar que siguiera saliendo agua, pero coño, engancho una manga de una camiseta y ya no cierra hermético, y sale un chorrito que renueva el agua que conseguimos sacar a fregonazos. Joder, qué manera más mala de acabar un día. Eskerrik asko Ander. Y ya ni libro ni nada, ni arreglar la cama (que tampoco pensaba hacerlo), me metí en la cama.
Ahora que es de día otra vez, avanzado el día, volví a poner la lavadora, que a saber qué olores ha podido coger la ropa con una noche sumergida en esa agua... joder, que soy un desgraciao! así que ahora espero a que acabe, y tenderé mis trapos al sol de Bilbao. Pues hala, feliz jueves gordo pa todos!!!

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